Abogados piden que haya avisos en la publicidad de energéticas contaminantes para luchar contra el ‘greenwashing’

Un aviso en una publicidad como el que reclama la organización Client Earth.

Laura Rodríguez

Las normas de la publicidad nos protegen poco del greenwashing. Los lavados de imagen que las empresas están realizando para que los consumidores perciban que se preocupan por el medio ambiente no están controlados por ninguna ley que asegure que son veraces y que no están creados simplemente para crear confusión.

Por primera vez, la asociación de abogados ambientales Client Earth ha dado un paso para que haya un control internacional en los anuncios que publican las compañías de combustibles fósiles, las que más contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero, y ha presentado una demanda detallada a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) por la campaña que la compañía BP ha lanzado en Estados Unidos y Europa con los lemas “Sigue avanzando” y “Posibilidades en todas partes”.

La organización pide, además, que los gobiernos prohíban estos anuncios a no ser que vengan acompañados de una advertencia como la que aparece en las cajetillas de tabaco en la que se indique que, según los estudios científicos, la quema de combustibles fósiles es responsable del cambio climático.

“Las compañías de tabaco engañaron al público en el pasado al ocultar el peligro de sus productos”, explica  la abogada Sophie Marjanac en un comunicado.  “Hay muchos paralelismos entre la industria de los combustibles fósiles y la del tabaco, y en cómo a pesar de que conocen el riesgo de lo que venden realizan publicidad engañosa”.

Según la organización Client Earth, la campaña de BP, que incluye anuncios en Facebook donde se asegura que los restos de comida servirán como combustible para los aviones, crea una falsa impresión. “BP está gastando millones para hacernos creer que se está apresurando para cambiar a las energías renovables, que el gas es más limpio y que su estrategia es parte de la solución”, dice Marjanac. “Pero en realidad la compañía gasta más del 96% de su capital en petróleo y gas. Y, según sus propios datos, de cada 100 libras menos de 4 van a parar a inversiones de energía bajas en carbono. Se trata de una cortina de humo”.

El informe de más de 100 páginas cuestiona, además, la legitimidad de que el gas pueda presentarse como un “combustible más limpio” que solo está jugando el papel de respaldar la red energética, en vez de reemplazar a energías más limpias, o que el aumento de la energía global sea un requisito indispensable para el progreso de la humanidad.

Con este mensaje, señala la organización de abogados, no se está contando toda la historia ni se tiene en cuenta lo que predicen los científicos: que el cambio climático perjudicará en realidad el avance humano y que tendrá impactos catastróficos en las personas más pobres del planeta.

Como señalaba un informe reciente de The Influence Map, las compañías petroleras están realizando un despliegue millonario en campañas de publicidad en prensa y redes sociales para mostrarse comprometidas con el cambio climático y presentarse como parte de la solución del problema. Pero, según el último informe del IPCC, la industria de combustibles fósiles ya se ha comprometido a quemar un 120% más de petróleo, gas y carbón que el que debemos usar si queremos limitar el calentamiento a 1.5 °C.

Si ClientEarth tiene éxito, la OCDE podría pedir a BP que retire sus anuncios y, aunque no tiene ningún poder legal, sentará un precedente que quizá haga pensárselo más a otras compañías para sus próximas campañas. Y, aunque ahora parezca extraño, podría conseguir que un día los anuncios de sonrisas e imágenes de niños corriendo por el campo vengan acompañados de la siguiente advertencia: AVISO: LOS COMBUSTIBLES FÓSILES CAUSAN EL CAMBIO CLIMÁTICO.

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