En qué se parece el cambio climático a la quiebra de Kodak

Sara Acosta | @saraacostalanga | París 

Mientras París busca un acuerdo lo suficientemente ambicioso contra el cambio climático, una revolución silenciosa ya está en marcha en los pasillos de Le Bourget, donde se celebra la Cumbre del Clima. Se trata de una muy parecida a la que llevó al icono Kodak a la quiebra en 2010, porque no supo ver que la fotografía digital dejaría obsoletos sus carretes analógicos. Con este curioso símil describe Nick Robins, co-director del informe Diseño de un sistema financiero sostenible publicado hace dos semanas por el Programa de Naciones Unidas para Medio Ambiente (PNUMA), la transición que ya está viviendo el mundo hacia un modelo que no contará con el petróleo, ni el gas, ni el carbón. “Kodak desarrolló tecnología digital para la fotografía, pero no hizo una transición de verdad. De igual forma, habrá muchas tecnologías que no seguirán adelante, las energías fósiles no sobrevivirán”, comenta Robins en París.

Una de las claves que explica esa sentencia es que en la capital francesa pasa algo muy distinto del fiasco que resultó la Cumbre de Copenhague en 2009. “Aquel año, la idea de una transición energética se veía como algo futurista, sin embargo ahora ya está sucediendo”. No hay más que ver el caso de Francia, que este año ha dado el paso de fijar ese cambio por Ley, con medidas como poner precio al carbono. O Alemania, con el coto a la energía nuclear y objetivos más ambiciosos de energías renovables.

Aunque en realidad, el vuelco se fraguó hace mucho tiempo. Robins lo lleva hasta nada menos que 1979, cuando las emisiones de CO2 en Europa tocaron techo. “Aquello sucedió 10 ó 15 años antes de que existiera una política climática. Lo que esta transición nos está diciendo es que alejarse del carbono tiene sentido, es más eficiente, más sano y crea más empleo”. Y también, que avanza mucho más rápidamente de lo que se pensaba. Este experto no duda de que todas las estimaciones sobre las renovables están equivocadas. “Se esperaba que su despliegue fuera menor y sus costes mayores, pero se está demostrando que ya son muy baratas”.

La cuestión ya no es saber si el cambio se producirá, sino cómo llevarlo a cabo. En este sentido, el informe de la UNEP aborda algo clave: cómo los países ricos y en desarrollo lo financiarán. “Hace quince años hubiera sido imposible pensar que hoy ya llevaríamos 600.000 millones de dólares invertidos en descarbonizar la economía”. Pero aún falta mucho dinero para que la transición sea real. En los industrializados hay que encontrar 2,5 billones, con b, de dólares. En los emergentes, 10 billones cada año a partir de 2020. ¿De dónde sacar todos esos ceros? En primer lugar, recortando los subsidios a las energías fósiles, que suponen 5,3 billones de dólares anuales, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y después, “debemos asegurarnos de que la financiación privada va en la dirección correcta, activos bancarios, fondos de pensiones, seguros”.

Por el momento, las compañías aseguradoras son, a su juicio, las que mejor han entendido que el clima ya representa un riesgo. “Saben que un mundo por encima de los dos grados será imposible de cubrir, y al mismo tiempo tiene mucho sentido crear una cobertura para las economías emergentes, pues son muy vulnerables a los efectos del cambio climático”. ¿Para cuando esperar que la economía mundial haga ‘click’? “Yo creo que en 2030 nos sorprenderemos de lo lejos que hemos llegado, veremos cosas que ahora mismo son impensables, sorprendentes, de forma muy positiva”.

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