¿Qué ha hecho el mundo económico en el año del Acuerdo de París?

Sara Acosta

Bancos que empiezan a dejar de financiar el carbón, más gente que saca su dinero de las energías fósiles o financieros que reconocen el calentamiento como un riesgo para sus inversiones. Son algunos de los tímidos pasos que el mundo económico ha dado en los once meses que han seguido al primer acuerdo global contra el cambio climático alcanzado en París en diciembre de 2015. Consolidarlos depende ahora de que los países cumplan sus compromisos y empiecen a plasmar con acciones concretas la señal lanzada en la capital francesa. Por esta razón, científicos, políticos y organizaciones contienen la respiración ante la posibilidad de que Donald Trump se convierta este martes en el próximo presidente de Estados Unidos.

El candidato republicano ya ha advertido de que lo único que hará respecto al aumento de la temperatura del planeta será un ‘Brexit’ del Acuerdo de París, sacar a este país del pacto. Estos son algunos de los avances del mundo económico que la victoria del republicano dejaría en el aire:

1. Los bancos empiezan a pasar del carbón

La gran banca mundial ha continuado este año una tendencia que empezó a gestarse en 2015: replantear su financiación a la industria del carbón, reconociendo el efecto del Acuerdo de París en su apoyo a la energía fósil que más emisiones genera. Según recoge el informe del Institute for Energy Economics and Financial Analysis publicado el viernes 4 de noviembre, el mismo día que entró en vigor el pacto climático, varios de los mayores bancos internacionales ya han dado pasos en este sentido. El estadounidense JP Morgan Chase anunció en marzo que no financiará nuevas plantas de carbón en los países industrializados, siguiendo a Citigroup, Bank of America y Morgan Stanley. En octubre fue el turno de los franceses Crédit Agricole y Societé Générale. Ahora bien, por ahora no se trata de una salida completa, pues la estrategia de entidades como Bank of America, una de las pioneras en recortar financiación al carbón, es ayudar a sus clientes a diversificar operaciones con otras fuentes de energía, contaminantes o no. “Los bancos están protegiendo sus activos por precaución, pero para que haya una verdadera transición energética se necesita no solo que se retiren de las energías fósiles, sino que financien tecnologías limpias, pero por ahora no han pasado al otro lado”, comenta el economista francés Michel Colombier, director científico del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI).

2. Los herederos del rey del petróleo y otros arrepentidos de meter dinero en las energías fósiles

Durante la Cumbre del clima de París, la organización 350.org, el mayor movimiento mundial que llama a la desinversión en energías fósiles, celebró que más de 500 instituciones se hubieran comprometido a desinvertir activos por valor de 3,4 billones de dólares en petróleo, gas y carbón. En esa lista hay nombres tan sonados como el de Rockefeller Brothers Fund, los herederos del magnate Rockefeller, que levantó su fortuna gracias al petróleo. En lo que va de año 2016, otras 119 instituciones se han sumado al movimiento, un avance sin embargo más lento de lo esperado a pesar del ruido de la cita francesa.

3. Los financieros reconocen que el cambio climático es un riesgo

BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo, que mueve cerca de cinco billones de dólares en activos —cuatro veces el PIB de España—, publicó en septiembre un informe en el que recomienda a todos los inversores incorporar el cambio climático en sus decisiones sobre dónde colocar su dinero: “Ya no pueden ignorar el cambio climático. Algunos de ellos quizá cuestionen la ciencia, pero todos deben afrontar una creciente oleada de regulaciones y una ruptura tecnológica”, concluye el documento de 16 páginas. La nueva recomendación de este gigante de las finanzas es importante porque sus consejos pueden mover miles de millones hacia una dirección u otra. Sin embargo, aunque la industria financiera reconozca el clima como un riesgo, sus actos no siempre lo reflejan. BlackRock y Vanguard, otro gigante del mundo financiero, son dos de los mayores accionistas de las petroleras ExxonMobil y Chevron. En mayo de 2016, ambas gestoras votaron durante la Junta General de Accionistas de estas compañías contra la propuesta de pedirles que muestren de forma transparente el riesgo que representan para sus inversores por la presión climática. Habrá que ver qué sucede en la próxima cita de 2017.

4. Los aviones se autoimponen contaminar menos

A principios de octubre, los 191 países que componen la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) alcanzaron el primer acuerdo de reducción de emisiones después de seis años de negociaciones. El pacto se considera histórico no solo por ser el primero de este tipo, también porque ha sido la propia industria la que ha dado el paso a pesar de que la medida le costará un 2% de sus ingresos anuales. Sin embargo, no será hasta 2020 cuando las aerolíneas fijen un techo de emisiones por los vuelos internacionales y la primera fase del acuerdo, hasta 2026, es voluntaria. Por otro lado, la propia industria reconoce que las emisiones de los aviones crecerán entre un 200% y un 300% de aquí a 2050. La aviación y el transporte marítimo son los dos únicos sectores que quedaron fuera del Acuerdo de París, y que representan el 2% y el 3% de las emisiones mundiales, respectivamente.

5. Se gasta menos en renovables, pero eso no tiene por qué ser malo

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) anunció hace dos semanas que las renovables se convirtieron en 2015 en la mayor fuente de energía del mundo por capacidad instalada, superando por primera vez al carbón.

Y ahora, los últimos estudios de Bloomberg New Energy Finance (BNEF), la mayor consultora en renovables del mundo, muestran una caída en la inversión mundial en energía limpia en el tercer trimestre de 2016. Los 42.400 millones de dólares gastados en todo el mundo representan una bajada del 43% respecto al mismo periodo del año anterior. La agencia con sede en Londres lo atribuye a la continua caída de costes de la solar y la eólica, cuya mayor eficiencia haría que necesite menos dinero para desarrollarse. ¿Y qué tiene que ver esto con el Acuerdo de París? Una de las principales críticas al pacto ha sido que, aunque legalmente vinculante, depende de medidas voluntarias que fijan los propios países. Sin embargo, Naciones Unidas argumenta que esta es su principal fuerza, pues al estar todos los países por primera vez, la presión diplomática será cada vez mayor para los que se queden atrás. Y esto incluye al mundo económico. En el caso de las renovables,  la tesis es que su desarrollo es imparable por sí mismo en muchas partes del mundo. Si además la señal de París funciona, se acelerará un proceso de cambio que ya está en marcha.

6. Poco o nada de lo anterior vale si Donald Trump gana las elecciones en EEUU

El candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos lo ha dejado claro durante su campaña: si gana las elecciones este martes, su única política sobre cambio climático será “cancelar el acuerdo sobre el clima e París y frenar todo el pago de dinero de impuestos de Estados Unidos a los programas de calentamiento global de la ONU”. La victoria Trump significaría frenar en seco el impulso dado por su predecesor Barak Obama a tomar medidas dentro del país y lanzaría una señal de inmovilismo a las empresas y a los mercados. O al contrario, levantaría una oleada de sublevaciones de empresas en defensa de lo comprometido. Para los analistas, ninguno de los dos escenarios sería positivo, pues llevaría a la inacción o al conflicto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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